lunes, 10 de septiembre de 2007

13. Superheroe electrocutado

Que quede claro: cuando hablo de relaciones obsesivas no lo hago metafóricamente; estoy siendo más literal que nunca. Cuando digo que hubiera muerto por Alejandro, tampoco lo tomen como una metáfora. Sé que es difícil descifrar cuándo escribo en serio y cuándo no, pero hagan el intento.
No iba a aguantar mucho tiempo más. No estar con Alejandro significaba la muerte espontánea de la persona inteligente que yo creía ser por primera vez. Me había hecho sentir adulta, elocuente y propensa a ganar todas las batallas. Era la muerte de mi heroína. Mi heroína carbonizada. Estaba demasiado deprimida como para quedarme estancada.
A fines del año 2000 me fui a Europa y me olvidé de que el dolor se traslada con el viajante. No porque me fuera a otro universo iba a dejar de sentir aquel dolor punzante, no. Era eterno y me acompañaba, aún en Inglaterra, en Francia o en Italia. Viajaban conmigo el dolor y la estúpida idea de que hasta las gárgolas estaban en mi contra ya que todo me hacía acordar a él. Una vez me pareció verlo detrás de una librería donde hurgaba en busca de un libro para ahogar mi pena. Pocas horas después recibí un email suyo diciéndome que estaba en Europa. Si no era él, era su gemelo europeo y si no era su gemelo europeo, por favor, intérnenme.

NEW HOTEL ROBLIN
6, rue Chauveau-Lagarde
75008 PARIS

Alejandro,
París es un bombardeo de twingos y castillos. Ambos me tienen cansada. Uno me trae recuerdos, el otro me hace soñar. En este momento estoy en mi cama del hotel, tapada hasta los codos, escuchando el resumen de Sydney 2000 que puso mi primo que duerme en la cama contigua.
Francia no parece demasiado integrada a la era de Internet; por las calles no he visto ni un solo cyber café ni nada que sele asemeje. Todo muy lindo, pero demasiado antiguo para mi gusto. Me encantó Londres: la gente es alocada y se viste raro (allí me siento cómoda). En París tenés que vestirte con polleras largas hasta las rodillas y muy sobriamente, sino no tenés estilo. Imaginate lo desubicada que me siento acá.
Te extraño demasiado como para subir a la torre Eiffel. Tengo más ganas de subirme al tren metropolitano que va a Avellaneda, por raro que suene. No puedo disfrutar de nada acá… lo único que hago es buscar computadoras disponibles para poder escribirte, o con suerte, encontrarte online. Quiero volver a mi casa, quiero estar con vos. Odio Europa. Te amo.

Cielo

Mi vínculo con Alejandro se volvió perverso y cruel, se asemejó cada vez más a él. “Te amo pero necesito tiempo”. ¿Qué quiere decir eso? Necesitar tiempo es frenético, es desesperanzado, es casi ridículo. Nadie necesita tiempo. En realidad, no necesitaba tiempo, necesitaba que a tiempo me retirara. Cuando volví de Europa me enteré de que estaba saliendo con otra persona. A continuación surgieron las (obvias) dudas: ¿fue antes o durante o después de estar conmigo? Y eran obvias las respuestas. Sin embargo, nunca pude desprenderme de él y por alguna razón él tampoco pudo. Si bien (él decía que) no funcionábamos juntos, nos llevábamos muy bien y nos hacíamos falta (aunque solo fuera sexualmente). Sí, a veces sentía placer cuando me daba cuenta de que era su amante y que estaba engañando a su novia. Sí, tengo que admitirlo. Es decir, no me gustaba mi posición, pero qué bien se sentía ser la elegida. Qué bien saber que no amaba a Marina, qué bien que no tuvieran buen sexo (¿por qué otra razón volvería a mí?).
Me acosaba una especie de erotomanía incontrolable. Tanto quería que Alejandro se acercara a mí que hacía lo imposible por agradarle. Cualquier intento era bueno: de pronto me encontré comprándole libros, discos, jeans, remeras y cualquier cosa que estuviera a mi alcance. Nada era suficiente, pero yo creía que si podía agradarle iba a enamorarse de mí otra vez (en caso de que alguna vez hubiera sentido algo siquiera parecido al amor o la ternura).
La cruel realidad era que ya no tenía quince años y que el depravado ya había conseguido lo que quería (al menos eso me gusta pensar, me hace odiarlo). Inevitablemente tengo que odiarlo. Lo culpo de mi soledad, de mi miedo a las personas, de mi desconfianza en general, de mi despecho. Durante años mi entorno se sigue preguntando qué tanto hizo Alejandro y cuánto me corresponde a mí. Es un porcentaje que nunca pude resolver: no me dan las cuentas. Que tuvo un impacto estruendoso en mí, eso es sabido; también que me hizo llegar a extremos incalculables e imposibles. Pero que se regodeaba en mi desgracia, eso no se sabe; que me obligaba a jugar un juego macabro tampoco.
Sus maldades son tan sutiles que me es casi imposible explicarlas, deletrearlas, exponerlas. Alejandro es eso: indescriptible. Porque si uno lo ve por la calle, no se da cuenta de nada. Un tipo común, que no llama la atención, que no tiene nada atractivo o alarmante. Es, a simple vista, un hombre cualquiera. Pero ¡pobre de aquel que se atreva a cruzar el umbral de su apacibilidad! De nuevo, es solo mi punto de vista. Quizás lo conocen, lo hayan visto y hasta hablado con él. Un ser perverso, un estafador de la mente. El hombre que amo.
¿Cómo se puede amar y odiar a alguien al mismo tiempo? Así es mi amor: atemporal. Por momentos olvido el presente cuando Alejandro es un tipo despreciable y solo puedo recordar cómo era, cómo me trataba, cómo me quería. Mezclo personalidades, momentos, tiempos y así mi amor se vuelve atemporal: sin poder distinguir lo que fue y dejó de ser, de lo que nunca será.
Tengo la admirable (¿despreciable?) capacidad de borrar lo malo y recordar los momentos gratos. Así, aún después de escribir atrocidades acerca de él, puedo llamarlo por teléfono y hablar como si nada, con voz de enamorada y suspiros cariñosos. Sí, es lamentable. Por eso me costó tanto despegarme de él, por eso escribo: no quiero olvidar.
Quizás hasta tenga memoria selectiva: archivo solamente los documentos, pensamientos, fotografías, escritos y demás, que me hagan recordar los buenos tiempos. En alguna de mis peores épocas llegué a inventar conversaciones para no sentirme sola. Mi imaginación siempre fue más fuerte que mi racionalidad cuando se trata del “amor” o lo que sea que esto es. Así, puedo pelearme con Alejandro sin que él se entere, o amarlo cuando en realidad tendría que repudiarlo. No sería raro tampoco pelear con él y no recordar porqué. Ya dije: no puedo acordarme de las cosas malas, esas razones se disuelven en mi cabeza, no las encuentro; se arrinconan empolvadas en algún lugar de mi cerebro.
Erotomanía, la sufro. Soy consciente de eso, pero solamente cuando me aíslo, me alejo y me desdoblo. Solo así puedo entender que quizás no es tan importante, no es tan trágico o que tal cuestión no merece mi muerte. Solo cuando me veo desde afuera… y en general cuando logro un desdoblamiento ya es demasiado tarde para tomar decisiones. Con seguridad ya las tomé y sin duda erróneamente. Cuando no soy consciente de mi condición, el mundo se deshace por un llamado que no llegó o porque se canceló una ida al cine.
Los cambios de planes no son aceptables en mi vida. Si vamos a hacer tal cosa, la hacemos. No hay porqué arrepentirse, no hay porqué cambiar los planes, nada es justificable. De allí que cada vez que Alejandro me deja plantada mi mente trabaja horarios desubicados hasta encontrar respuestas que me hagan infeliz. Casi todas ellas una mujer, una nueva amante, pocas ganas de verme o la decisión definitiva de dejar de quererme. Todas ellas me alarman, me corrompen y siento un dolor tan hondo, tan profundo como una lanza surcada por entre el estómago. Y me invade una desesperanza que más parece una descarga eléctrica poderosísima que me deja nublada, ciega, somnolienta, imbécil, destartalada. Sin poder de decisión, inactiva e imperante: necesito dormir, o morirme, o que me maten. Y si no sufro otra descarga eléctrica me quedo dormida al poco tiempo. Casi siempre es así:

1 Situación
2 Crisis de llanto
3 Hipótesis
4 Descarga eléctrica
5 Dormir

Así funciono, por peor que suene. ¿Cómo puedo amar y odiar a una misma persona? Fácil: Alejandro me da lo que quiero, o me da en parte lo que quiero, o me hace creer que me da lo que quiero, o me auto convenzo de estar satisfecha con lo que me da o le mendigo y acepta entregar a modo de limosna. Y por otro lado (me considero un vivíparo pensante) a veces, pocas veces, tomo consciencia de la irracionalidad de lo que hago, de la impotencia que encarno, de lo patético de mis actitudes y comienzo a pensar: situaciones, hipótesis, electricidad, etc.… y eso me hace odiarlo.
La electricidad me hace odiarlo y me hace dormir. Generalmente cuando me despierto, no recuerdo por qué lloré tanto (desdoblamiento) y cuando logro saber porqué, aún no lo entiendo. No puedo ponerme en mis propios zapatos. Como si esa noche de sueños rotos me hubiera borrado todo registro de empatía conmigo misma. Al despertar la pena aparece reducida y hasta minimizada. Reducida a un montón de neuronas de más que hicieron mala sinapsis. Nada más que eso. Alejandro no asume culpas, no le inculpo nada, yo vuelvo a ser el feliz arlequín que alegra la vida de los otros y comienza una vez más todo cuando me doy cuenta de que no es suficiente para mí, que necesito más, que no estoy bien. Así es como se ama y se odia a alguien hasta límites insospechados.
Mi psicólogo más tarde me obligó a no desentenderme de mi pena: “y vas a venir, aunque supongas que es algo resuelto. Con vos es siempre lo mismo. A un momento estás muriendo y al día siguiente, como lograste taparlo (ahogarlo, al sentimiento de muerte súbita), hacés como si nada hubiera ocurrido, olvidando el asunto por completo”. Néstor, tenés razón. Siempre ahogo mis sensaciones, mis deseos, mis sentimientos, mis miserias y alegrías. Lo suprimo todo, eternamente, porque a tiempos es menos doloroso dejar de sentir.
Cuando dejo de sentir empiezo a pensar. Me hago preguntas racionales y me contesto sin mayores problemas. Y la vida es así: fácil, cerebral. Tengo, es cierto, varias personalidades y para cada una de ellas un grupo de amigos diferente. Me cuesta mezclar amigas. A tiempos, soy muchas personas que difieren entre sí: tienen distintas personalidades y las motivan incomparables cosas. Por duro que suene, sé que es así. Hay gente que no se bancaría a HIEDRA y otras que se sienten poco confortables con Cielo. Por eso tengo que actuar diferente o amoldarme. Soy lo que el ambiente quiere que sea, lo que las situaciones me indican que es mejor ser. Que es más conveniente ser.
Una vez conocí a un chico canadiense que tenía el mismo problema que yo. Llamémoslo mejor: condición. Esa misma condición. Esa disparidad de personalidades y gustos. Se llama Ammar Mousa. Un palestino nacido en Libia hijo de un jefe militar o algo similar. Ammar dice que no tiene tierra, que no pertenece a ningún lado. “Los judíos me sacaron mi país, no pertenezco a ningún lado”. Hoy está viviendo en Canadá desde hace algunos años. Su padre vive en algún lugar de Europa donde montan camellos, comen gatos y los chicos se divierten apedreando mulas y jugando con armas de fuego. Todo aquello le parece incivilizado y sin embargo siente que pertenece allá, aunque decidió irse. Por otro lado, se queja de Toronto: “en el diario, la semana pasada, la noticia más candente fue que a una viejita se le atoró su gato en un árbol. Llamó a los bomberos que bravamente lo rescataron”. Le molesta ese país tan organizado donde “no pasa nada”. Odia a los judíos con gran admiración (admiración mía, claro, porque no entiendo cómo se puede odiar tanto). Tiene problemas diferentes de los míos y si lo pienso dos veces no tan diferentes: busca territorio. En realidad yo también busco territorio, pero no me interesan los israelitas ni los musulmanes ni Sadam Huseim. Estoy de acuerdo, entiendo su causa. Tengo otro amigo que es judío y contradictoriamente también entiendo su causa. ¿Cómo puedo entenderlos a los dos al mismo tiempo? De la misma manera como amo y odio a alguien. Así, sin explicaciones. Me amoldo. No es que no tenga opiniones formadas. No creo que sea eso.
Ammar me entiende, es alguien que puede entenderme y entrar en mi cabeza. Le suceden las mismas cosas y nos importan cosas similares. Los dos tenemos problemas de concentración: nos aburre todo. Es decir, no solamente lo que son obligaciones, me refiero a todo. Nos llevamos muy bien: cuando empieza la semana nos escribimos a ver quién empezó más hobbies y cuánto tardó en dejarlos. Él se compró una bicicleta y la dejó tirada, sin usar. Siempre hacemos esas cosas. Nos emocionamos tanto con algunas actividades que en nuestra cabeza son fantásticas, tanto, que cuando las llevamos al plano de lo real nos parecen desconcertantemente aburridas. Y siempre es lo mismo. También nos aburren las personas. Yo no puedo estar con alguien más de un día, la gente me aburre. Después de ese tiempo prudencial necesito estar sola, estar en mi cama sola, estar en el baño sola o simplemente mirando televisión. La compañía muchas veces se convierte en estorbo con el correr de las horas. Es decir, no soy antisocial, no quiero sonar a cuarentona soltera, pero es cierto que necesito de mi privacidad y que me molesta que la gente no sepa cuándo retirarse. Ojalá alguien alguna vez inventara un interruptor que les avise a las personas cuándo es el momento exacto en que empiezan a ser un estorbo.
No sé a qué viene esto. Siempre me voy por las ramas. Ah, bien, decía que Ammar me entiende, pero claro: tenía que vivir en Canadá, no podía estar cerca de mí (esa es una constante en mi vida: los afectos lejos). ¿Cómo lo conocí a Ammar? Bueno, esa es una historia que no viene a cuento ahora porque falta mucha información en el medio. Pero en algún momento, si logro recordarlo, voy a hablar de eso.

Ah, mis personalidades. Supongo que nacieron en mi necesidad de agradarle al mundo entero. Toda la vida me sentí marginada o por gorda o por antisocial o porque me gustaban los libros en lugar de los power rangers, no lo sé. Simplemente me sentía aislada. Y en mi necesidad de no aislarme creé personalidades acorde a cada grupo de amigos que me hacía. Creo que todos somos un poco así: no nos comportamos igual con nuestra familia que con nuestros amigos, o nuestros profesores o por teléfono o por email o vaya a saber qué otra situación. No puedo hablarle a mi familia de la misma manera que a mis amigos, ni puedo a un novio explicarle chistes que hago con mi familia y en el trabajo tenemos que dar otra imagen. Todo el mundo se la pasa inventando personajes, el problema es que me los tomo en serio y me sirven.Y el personaje que más me cuesta es este que me carcome. Este que me obliga a escribir detalladamente en una agenda todo lo que se me viene a la mente. Que me obliga a llevar registro de todo: las veces que lo vi a Alejandro, qué llevaba puesto (yo), qué hicimos, a dónde fuimos y qué me dijo. No creo que sean muy normales algunas de las cosas que solía hacer, tales como configurar una lista de temas para hablar minutos antes de marcar su teléfono e ir leyéndola silenciosamente (¿hay algo peor que quedarse sin hablar al teléfono?). Son algunas de mis manías un tanto obsesivas, pero supongo que aprendí a convivir con ellas o que ellas se amoldaron a mí. También creo que nacieron por necesidades íntimas: de no olvidar, de no hablar de más, de no quedarme callada, de no repetir vestuario, de tomar consciencia pero por sobre todas las cosas: de RECORDAR. Aunque muchas miles de veces hubiese pagado para olvidar.

10 comentarios:

Victoria dijo...

Genial

Ivi Enriquez dijo...

es increible como llegas y como te entiendo cuando voy leyendo
realmente de corazon te felicito y te deseo que seas muy feliz.
gabrielaivi@hotmail.com

abY Ü dijo...

Siento qe no puedes culpar a las personas por amarse a si mismas,odias a Alejo por amarse, solo por qe tu no te amas a ti misma? qe irracionasl. Dehecho, para qe puedas amar a otros primero te tienes qe amar tu!.

wilmarys93 dijo...

Al principio entendía en que se basaba la historia; pero creo que a lo largo se fue extendiendo mucho aun punto que no pertenecía al tema principal. Claro se entiende que vas explicando toda la historia de tu vida. Mas bien, me parece una historia de una adolescente que presencio su primer amor y que lo tomo de forma obsesiva ya que por su misma soledad y al ver que este la capturaba de hay te arropaste en el y lo viste como un sustento fuerte y capaz de disolver tu mala racha de infancia. Que a la final no lo tomas del todo bien ya que tu mismo miedo de estar otra vez sola sin sentido de vida, caes en todo esto como una depresión obsesiva. Te acude a riesgos mas severos y que te alejan de la sociedad porque te hunden en un mundo donde nadie puede escucharte porque gritas en silencio, pides ayuda pero nadie te escucha. Es cuestión de mentalidad; nos creamos un mundo que el único sufrido somos nosotros y que nadie puedo ayudarnos. al contrario si hablamos encontramos ayuda. pero es imposible hablar cuando tienes la boca tapada. es casi imposible Oir cuando tu mente no capta. ( hablo en metáfora). La historia me pareció muy buena, solo que no me impresiona ni me conmueva mucho ya que hay aspectos que a cualquiera le pasa y esto de seguro a muchas le ha pasado pero solo es que cada quien lo toma de manera diferente, en tu caso lo tomaste así y te llevo actuar de manera abzurdah. ¡Ojo! ''lo digo por la parte en que empiezas a desarrollar el tema de tu relación con alejandro''. Y por eso caíste en esta enfermedad que no es fácil de predecir porque te ocurre sin darte cuenta. Hay muchas que intentan hacerlo por que les parece algo cool pero no es así eso no esta de moda solo porque las actrices de cine lo son, no acuérdense esto es algo peligroso no es un juego a verse flaca y verse de moda, para nada es bonito es horrible es algo que puede causarte la muerte. Que bueno que afrontaste el tema y que pudiste superarte. Te felicito. ''Y siempre el primer amor es el mas doloroso. el primer amor nunca se olvida el segundo es pasajero y el tercera para olvidar el primero''. Suerte y si me gusto tu historia.

Fabi Gutierrez dijo...

una novela sobre mi vida...

Fabi Gutierrez dijo...

una novela sobre mi vida...

Fabi Gutierrez dijo...

mi vida descrita

victoria santa cruz dijo...

Me tienes cansada, loco! Si monte gusta la historia de cielo o como la cuenta no leas mas, en todos lados esta tu maldito comentario, metete tus opiniones el orto.

nadita de nada dijo...

Te queda claro que esa opinion es del 2011? Llegas muy tarde a criticarlo, y aunque no te parezca es verdad. Yo solo puedo decir que no se le puede dar total credibilidad a una persona con padecimientos psiquiatricos, esto es su experiencia desde su enfermedad pero no es la verdad absoluta.

nadita de nada dijo...

Creo que no entendiste bien lo que escribio, ella ya habia encontrado la manera de perder peso sin comer mucho antes de conocer a alejandro, ella misma lo dice somatizaba sus inconformidades asi desde siempre,el que culpe a alejandro es algo que no va, por que es ella misma quien dijo que eso empezo antes de el