lunes, 10 de septiembre de 2007

25. Contigo cigarrillos y agua mineral

Una mentira a mis padres, un pequeño bolso, montones de esperanzas desmedidas y nervios que me consumían la vida. Empaqué y me encontré con Alejandro en Independencia y Nueve de Julio. Nos íbamos a Mar del Plata y esta vez sin vómitos de por medio. Era catorce de noviembre de 2003 y también el mejor día de los últimos años. ¿Por qué era tan importante? Porque era uno de aquellos escasos días cuando la realidad puede más que mi imaginación; días cuando suceden cosas imprevistas y que no son para torturarme o convertirme en una mujer aún más desafortunada. Iba a viajar con Alejandro a Mar del Plata y nada iba a arruinarlo.
Cuando llegué con mi bolso a aquella esquina emblemática me desesperó no encontrarlo. Entré en el kiosco de la estación de servicio que hay en la esquina y compré un paquete de galletitas para comer (que él comiera) en el viaje. Yo iba a volver hermosa, feliz y flaca. Aquellos eran mis propósitos.
Salí del kiosco y vi el auto con balizas. Y después a él, saliendo del auto y abriéndome la puerta trasera para que acomodara mi bolso. Lleve poquísima ropa porque pensaba vivir del aire y de él (de su cuerpo, entiéndase bien).
El viaje fue de aquellos momentos que no voy a olvidar jamás: me sentía novia por primera vez y sentía también la seguridad del amor. No tenía dudas acerca de lo mucho que lo amaba, pero sí de las razones por las cuales Alejandro me tenía/quería/aceptaba en su vida. Algunos años creía que era solo por sexo, después en días como estos pensaba que quizás podríamos hasta casarnos y formar una familia (Ursula, hermosa ¿dónde estás?) siempre y cuando él desechara la que poseía en aquel momento.
Hablamos de banalidades, escuchamos buena música (no era coincidencia que nos gustaran los mismos cds), cebé mate y comió galletitas. Le pregunté si Romina sabía que nos estábamos yendo juntos a Mardel y me contestó, como siempre, evasivamente: “sabe que solo no voy”. Respuesta que no respondía a mi pregunta concisamente. Acostumbrada a quedarme colgada con la pregunta en la boca, decidí que era mejor no tocar ciertos temas y no volví a hablar acerca de Romina ni su hijo usurpador.
Llegamos a su casa que era ciertamente más cercana a Miramar que a Mar del Plata y dejamos los bolsos. Después de una escena romántica se me ocurrió que quizás mis padres querrían saber de mí, así que mandé mensajes a sus celulares diciendo que estaba bien y que volvía el lunes. Jamás hubieran permitido que me fuera de viaje con Alejandro y sin embargo, yo no encontraba lo pernicioso en dar un paseo con la persona que amo. Ellos no lo hubieran entendido, hice bien en mantenerlo en secreto. En cualquier caso era siempre mucho mejor decir que estaba visitando el pueblo nativo de una amiga mía de la facultad. Sí, más fácil pero mucho menos creíble.
Los primeros días fuimos felices con leves precipitaciones hacia la hora de la comida. Almorzar y cenar habían mutado en castigos maya. La eterna pelea era “¿salimos a comer o comemos en casa?”. ¡No me interesa! Quiero estar con vos, donde sea. Si querés ir a comer vamos a comer y sino nos quedamos. No quiero elegir, no me gusta elegir. Quiero estar con vos. Nunca lo entendiste.
Finalmente si salíamos a cenar (salimos siempre) la discusión se presentaba más a menudo cuando yo llenaba tres tenedores de aire y simulaba comer. “No sé para qué venimos a un restaurante si solo voy a comer yo”- decía indignado. Entendí que era algo incómodo así que le di un par de mordiscos a una lechuga que me habían traído. “Eso no es comer”- repetía incansablemente. “No me jodas”- le respondía dulcemente.
La última noche de nuestro viaje fue la peor: hacía mucho frío y ciertamente tenía más ganas de ser porrista que de probar bocado. Entiendo su enojo porque fui consciente de lo poco que comí, pero tampoco creo que la comida sea la base del bienestar humano. Es decir ¿nadie entiende que así yo me siento bien? Bueno, la respuesta es no: nadie lo entiende. Yo creía en ese momento, y sigo creyendo fervientemente, que lo importante es el bienestar del alma, del ser humano como conjunto. A algunas personas solamente les interesaba verme comer, aun sabiendo que aquello me ponía de pésimo humor, me hacía sentir obesa y sumamente infeliz. Si él hubiera querido lo mejor para mí no habríamos tenido una discusión aquella noche en el restaurante.
Cuando volvimos a la casa, después de comer, nos acostamos en la misma cama aunque estábamos a miles de kilómetros de distancia. Estaba temblando de frío y sin embargo me corrí a un costado de la cama para no tener que tocarle siquiera el pie (para que no se diera cuenta de mi escarcha corporal). En la mitad de la noche me levanté y bajé al garaje donde estaban nuestros bolsos haciendo el mayor ruido posible. Quería que se despertase, que me abrazase, que me cobijase y me diera calor. Seguía temblando y él roncando. Encontré mi bolso y dentro del mismo: medias y un pulóver. Me los puse y volví a la cama, que estaba más fría que nunca.
A la mañana siguiente me despertó y me preguntó si quería ir a la playa antes de volver a nuestras ciudades. Le dije que sí, pero en cuanto pusimos un pie en la arena se nubló el cielo como obligándonos a emprender retirada. Hicimos aquello y durante el viaje abrí un paquete de galletitas de chocolate y comí dos, a modo de reconciliación. Alejandro se dio cuenta de mi buen gesto y mi sacrificio y pasamos un viaje inolvidable hasta Capital.
Cuando llegué me puse a evaluar el viaje y saqué en claro que aunque tuvimos aquella noche negra, valieron la pena la mentira, el frío y el hambre con tal de pasar cuatro días al lado del hombre que ocupaba mis sueños de día y de noche.

2 de diciembre de 2003
Hogweed dice:
Salí de ese círculo nefasto en el que estás
Lagrima dice:
¿Y cómo salgo?
Hogweed dice:
A la fuerza. Dejá de participar de esos foros pro anorexia, hablá con tus viejos de frente y dejá de cuidar TANTO tu imagen por lo menos hasta que puedas pensar con un poco mas de claridad
Lagrima dice:
Ana no tiene nada que ver acá. Los que joden son mis viejos. Y no creo que esté mal preocuparme un poco por mi imagen, vos mismo dijiste que no tendrías una novia gorda
Hogweed dice:
Un poco no es nada pero vos vivis pendiente de eso y te está trayendo serios problemas. Vos no te das cuenta la negación que tenés encima. No te quiero cagar a pedos ni discutir pero no me voy a quedar con los brazos cruzados y mientras no salgas del lugar en que estás, me voy a poner peor.

3 de diciembre de 2003
Lagrima dice:
Estoy harta de estar en mi casa. Me quiero mudar YA. Me tiene cansada Mamá, me hace responsable hasta de los problemas cardiacos de mi viejo. "Y... te ve con la botellita de agua y la lechuguita todo el día, ¿cómo querés que no pasen estas cosas?" Y yo no puedo dejar de sentirme culpable
Hogweed dice:
Tu viejo debe tener mil preocupaciones, no te sientas culpable. Decile a tu vieja que no te haga sentir culpable pero así y todo, tenés que cambiar tu actitud por él y por VOS
Lagrima dice:
No es justo que mi mamá esté todo el tiempo agrediéndome.
Hogweed dice:
Hablá con ella, decile lo que pensás, que no te parece justo, etc. Decile lo mismo que me decis a mí, te va a entender. Pero no deja de tener algo de razón si te dice que tu viejo se preocupa por vos…
Lagrima dice:
Pero yo no le causo malestares del corazón ¿O si?
Hogweed dice:
Cuando estuvo mal la otra vez no fue tu culpa, tiene predisposición a tener enfermedades cardíacas pero uno de los factores de riesgo mas importantes es el stress, la "mala sangre" y si él está preocupado por vos, eso influye
Lagrima dice:
Es verdad. Voy a hacer que no se preocupe por mí.
Hogweed dice:
Creo que es lo mejor: andá a verlo, hablá con él también. ¿No vas a ver a tu papá?
Lagrima dice:
Está con mi vieja haciéndose el estudio. No es que se tenga que quedar.
Hogweed dice:
¿La llamaste?
Lagrima dice:
Si, ni bien me levanté llamé. Estaba entrando igual no sé si voy a estar acá cuando vuelva…
Hogweed dice:
Si estás con ellos, te vas; si estás sola, te aburrís: date cuenta de que el problema no son ellos, está pasando por otro lado.
Lagrima dice:
Bueno, ¿te agrego a mi lista de agresores? Tengo bastantes problemas como para bancarme que vos también te me pongas en contra.
Hogweed dice:
Sabés que soy cruel pero te cacheteo para que reacciones no para agredirte. Ya me conoces.
Lagrima dice:
Bueno, es que me molesta un poco que vos también me molestes con la comida y con algunas cosas, pero bueno…
Hogweed dice:
Tomalo o dejalo; no me voy a callar porque te moleste si estoy convencido de que te estás haciendo mal
Lagrima dice:
Pero tampoco que sea un tema cotidiano. Lo podemos hablar una vez, pero no todo el tiempo.
Hogweed dice:
Es un tema cotidiano, no cesa, continúa y empeora
Lagrima dice:
Bueno, yo no voy a discutir más esto, no tiene sentido. Yo te digo que como, vos decis que no como…
Hogweed dice:
Decirme que comés cuando no lo hacés, es lo mismo que decirme "sos un boludo y te digo lo que se me canta"
Lagrima dice:
Quiero que confíes en mí, gordo. Cuando no como nada te lo digo, entonces creeme cuando te digo que como. ¿Querés que te de acceso a mi diario donde anoto lo que como?
Hogweed dice:
Estás enferma y no te das cuenta.
Lagrima dice:
Me estoy cuidando, no es lo mismo. ¿Estás enojado conmigo?
Hogweed dice:
No tengo por qué estar enojado, si no te entran los conceptos con palabras, te entrarán a los golpes.
***
Mi vida se complicaba a pasos agigantados. Mis memorias eran cuadernos llenos de mentiras escritas con minuciosos detalles. No iban a hacerme cambiar de opinión. Por primera vez era líder de un grupo que funcionaba mundialmente: mecomoami me había llevado a un éxtasis hasta ese momento desconocido. Chicas que me pedían consejos, que me creían su ídolo, que querían parecerse a mí, que clamaban por mi atención. Ana y Lágrima fueron sinónimos y me sentí por fin reina del universo (al menos de aquel pequeño universo privado y cibernético). ¿Quieren destronarme por envidia? ¿Lo hacen porque ellos no pueden dejar de comer? ¿O realmente están convencidos de que estoy enferma?
Estaba segura de mi salud, de mi buena salud. Sabía que no iba a morirme de anorexia: también entendía que mi muerte me esperaba pronta en cualquier esquina, pero Ana y la Muerte no se parecían en nada. Aquella era una cara oscura y aún más esquelética que me buscaba cada noche y de quien conseguía huir con éxito cada vez. “Esperame, todavía no”.

4 de diciembre de 2003
Hogweed dice:
No quiero una mujer al lado mío con "cultura anoréxica". Tildame de retrógrado pero me parece una terrible estupidez. De psicología no sé un pomo, pero buscá ayuda urgente porque no vas a salir más de ese círculo enfermo en el que te metiste. No puedo soportar verte como te hacés mierda y que además estés convencida de que eso está bien. Te entiendo y entiendo que estás enferma y que necesitás una ayuda que yo no puedo darte porque por más que te hable cada vez estás peor.
Lagrima dice:
No estoy peor, estoy bien. Me cuido. Y no te preocupes de más, no va a ser más que un momento.
Hogweed dice:
Mi pronóstico es muy pesimista
Lagrima dice:
Podés equivocarte
Hogweed dice:
No mientras no comas y consumas pastillas para mantenerte caminando. Te voy a seguir persiguiendo. Hasta que no cambies tu actitud, voy a hacer todo lo que esté a mi alcance para forzarte a que lo hagas, aunque pierdas la confianza en mí
Lagrima dice:
Ayer cené pizza y helado, por ejemplo. No soy tan restrictiva y cedo ante la presión, lo sabés. No quiero que esto sea un infierno.
Hogweed dice:
¿Fuiste a vomitarlas en el mismo orden?
Lagrima dice:
¡Qué cruel podés ser cuando querés!
Hogweed dice:
Entonces alimentate como corresponde (la pizza y el helado no son precisamente buenos ejemplos) y dejate de joder
Lagrima dice:
Bueno, dejemos las amenazas...
Hogweed dice:
Cumplí con tu palabra y abandona esa manía enferma de no alimentarte. Sabés que no quiero ni pelear, ni seguir con esta mala onda y menos terminar hablando con tus viejos por este tema
Lagrima dice:
Vos sabés lo que hacés y sabés qué es lo que NO conviene hacer.
Hogweed dice:
Precisamente por eso te digo que abandones esa manía, porque desde mi clandestinidad no puedo hacer mucho pero si tengo que salir de este estado por tu salud, lo voy a hacer y no es una amenaza.
Lagrima dice:
¿Es una advertencia? Además, ¿qué pensás? ¿Que les vas a dar una noticia a mis viejos? ¿Que me van a obligar a comer? ¿Querés que me internen?
Hogweed dice:
Quiero que estés bien y los responsables siguen siendo ellos. Si ellos no quieren hacer nada que se desliguen del problema y me lo encarguen, pero yo de brazos cruzados no me quedo.

3 comentarios:

Sofii Martinez dijo...

Creo que tiene bastante razón Alejandro. No es tan malo como parecía. :)

Reina Mia dijo...

El jamás fue malo, ella lo fue con el. Por eso son más que entendibles las reacciones/acciones de el.

Rosario Vintoñuke dijo...

Alejo era un manipulador! Todas tenemos a ese forro por el cual literalmente damos la vida. Siempre esta el que promete ayudarte, quererte y apoyarte; pero cuando tiene la oportunidad se hace el boludo. Hablar es fácil, hacer es lo difícil. Y asi y todo seguimos dando hasta lo que no tenemos y yendo contra el mundo por esa persona.