lunes, 10 de septiembre de 2007

22. Un cuerpo imperfecto refleja a una pesona imperfecta

No admires lo que sos sino lo que podés llegar a ser. No se puede ser demasiado rico ni demasiado flaco. El dolor es temporal, la gloria es eterna. El hambre duele pero funciona. Los huesos definen quiénes somos realmente, dejá que se vean. Comé menos, pesá menos. Mi cuerpo es puro: es un pecado corromperlo con comida. Frases que llenaban mi página de poesía, de energía para seguir adelante. Inspiraba a las que creían que iban por mal camino y nos recordaba a quienes nos sentíamos triunfadoras que aún no habíamos ganado nada.
Ese es el tema con la anorexia: cuesta definir los límites y casi nunca las cosas salen como las planeaste. Pasé en tres meses de pesar cincuenta y cuatro a cuarenta y siete. Cuarenta y siete kilos para un metro sesenta y siete de altura: no era extremadamente flaca (bueno, algunos dirán que sí) pero sí era extremadamente inesperado para una persona que a los doce años pesaba sesenta y cuatro, es decir: casi veinte kilos más. No puedo explicar lo que sentía en ese momento, lo que sí puedo decir es que no podía compartirlo con nadie. Mis amigas habían dejado de serlo: no quería ver a nadie porque ya casi no podía disimular el cansancio en mis ojos, en mi cabeza, en mi piel, en todo mi cuerpo y espíritu. Aquellos cuarenta y siete kilos me pesaban una tonelada en la consciencia. Muchas personas se percataron de lo mucho que había adelgazado (a saber: diez kilos en tres meses) pero solo una tuvo el coraje de enfrentarme y adivinen quién fue.
“No me gustas tan flaca, me parece que te voy a partir si te toco”. Escuchar aquello de los labios de Alejandro me dio satisfacción. Me había roto toda la vida, desde que lo conocí pero en este momento se estaba dando cuenta de mi fragilidad. Mi delgadez estaba dándome frutos: estaba conscientizando a Alejandro. Era todo lo que quería ¡era más de lo que quería! Desafortunadamente que Alejandro me dijera eso no fue suficiente. Necesitaba más. Necesitaba verme los huesos de la cadera, los huesos en mi espalda, las costillas puntiagudas que me dolían al dormir. ¡Aquel dolor exquisito! Calambres en las piernas y el cerebro en remojo. Un cuerpo perfecto para una mujer perfecta. Y sin embargo aún no era feliz.
Comencé a jugar con mis límites: necesitaba desafiarme una vez más. Empecé a ayunar cada vez más seguido y junto con el ayuno llegaron el deterioro emocional y un mal funcionamiento social. Me acuciaba una depresión severa: me confundía sentirme contenta por no haber comido y a la vez extremadamente triste sin razón aparente. Ya no veía a mis amigas y mi buen humor había desaparecido por completo. Tenía problemas gastrointestinales, ansiedad, necesidad de dormir, mareos, terribles dolores de cabeza, problemas visuales (“todo me da vueltas” “no puedo leer”) y un frío escabroso. Aquello era lo que más detestaba: el frío. Así hicieran treinta y cuatro grados de calor yo necesitaba algo de lana para taparme: un pulóver, una bufanda. El frío de ana, la reina gélida. Yo misma me había convertido en una mujer triste, fría y superficial. En la universidad a la hora del almuerzo (entre recreos) miraba comer a mis compañeras y me invadía un deseo incontenible de reírme amargamente. Tenía a la vez ganas de comer pero disfrutaba inmensamente verlas devorar, incrustando sus dientes en sándwiches y chocolates. Las más vergonzosas decían que querían cuidarse y por eso comían una manzana. ¡Una manzana! Una manzana tiene más calorías de lo que yo comía en una semana. No podía comer una manzana, ni siquiera eso. Podía, tal vez, consumir un sobrecito de edulcorante por día (tres calorías) para no morirme. Además, tres calorías las quemaba caminando una cuadra.
Nunca fui muy buena en matemáticas y sin embargo, con Ana aprendí todas las cantidades que podía comer: cuántos vasos de jugo, cuántos de gaseosa light. Sabía las calorías de todos los alimentos que podía llegar a ingerir en algún momento de mi vida no-anoréxica y de muchos otros que ni siquiera existían en este país. Aún sé las calorías como si fueran el padre nuestro (mentira, el padre nuestro no lo sé).
Claro que muchas veces tenía mis momentos de flaqueza, entonces en un cuaderno hice anotaciones que más tarde formaron parte de mecomoami. Algo así como “diez claves para un ayuno exitoso”.
1. No le digas a nadie que estás ayunando
Ayunar está muy bueno pero todo el mundo se va a dar cuenta de que lo estás haciendo y no queremos eso, no queremos que todo el mundo sepa los beneficios del ayuno y que se copien ¿o si? El problema es que si hacés el ayuno la gente va a estar esperando que bajes de peso y si por alguna razón no podés hacerlo, te vas a sentir muy mal. En cambio, si no le decis a nadie que estás ayunando, cuando se vean los beneficios todos te van a halagar y a preguntar tu secreto. ¡Shhh! ¡No lo digas!!! Además, la gente va a pensar que estás loca porque no van a entender que pases días y días sin comer y que no le temas a las consecuencias (¿pero cómo alguien le puede temer a ser perfecta?).
¡Te vas a volver una fanática del ayuno! La gente va a tener miedo. Miedo, miedo, miedo, ¡eso es lo último que necesitas en tu camino para ser perfecta! Además, no le cuentes a la gente que estás ayunando así se convierte en tu pequeño secreto (no tan pequeño) ¡lo cual lo va a hacer mucho más interesante! ¿A quién no le gusta tener algo para contar y tener que guardárselo?
Tu ayuno es entre Ana y vos, nadie más tiene que saberlo. Y cuando estés tentada de romperlo acordate de cuanto Ana te ama y cómo quiere lo mejor para vos. Ella solo quiere que seas perfecta, le debes a ella todo tu respeto. Mirá la cara de Ana en esa galletita de chocolate que moris por comer. Pensá en cómo sacrifica ella todo su tiempo dedicándose a vos. ¡No se merece que corrompas tu cuerpo y le faltes el respeto!
2. Apagá el televisor
En todas las publicidades aparece COMIDA, comida = NO. O sea, apagá el televisor, además se supone que no tenés nada más en qué pensar. Ponete a leer un libro de calorías, empezá tu propio diario anoréxico en Internet... ALGO. ¡¡¡Algo que no tenga nada que ver con comida!!!
3. Háganse amigas
Obviamente es más fácil encontrarte con una amiga a charlar de pavadas que con Ana a plantearte cuál va a ser tu futuro. Y no queremos hacer siempre lo más fácil, ¿no? Además esas amigas siempre te dicen que estás muy flaca y casi te obligan a comer las medialunas que compró esa madre GORDA que tienen. Y la madre-gorda te hace pensar en que JAMÁS querés parecerte a ella... pero las medialunas están todavía ahí y vos hace dos días que no comes nada. Acordate que estás débil y no podés hacer ejercicios sin desmayarte a los quince minutos, así que esas 160 calorías son espantosas porque no las vas a quemar ¡VAS A ROMPER EL AYUNO! Yo que vos me quedo con Ana solita en mi casa, donde no te tiente el diablo. Ana es SIEMPRE la mejor compañía.
4. Date un banquete con lo que Ana dice
Imaginate todas esas horas que gastas leyendo el diario o viendo televisión o escuchando radio. Ahora, durante tu ayuno, vas a tener que SATURARTE DE ANA. Todo va a tener que estar relacionado con ella.¡Cuidado! Quizás puedas desarrollar una mente abierta, una mente nueva y vas a empezar a pensar diferente. Ahora estás llena de energía, no necesitas la comida. La palabra de Ana te alimenta lo suficiente como para sobrevivir. ¡Date cuenta, podrías vivir sin comer y nada sería malo! ¡Serías pura y perfecta!
5. Meditá
La mente humana es genial. Uno puede convencerse de cualquier cosa últimamente. Y así como aquella vez te convencieron de que una medialuna tenía 10 calorías cuando en realidad tiene 160, uno cree lo que QUIERE creer. Así que meditá y CREETE que no necesitas otra cosa que a Ana en tu vida. Que podés ser independiente Y NO NECESITAS comida. Es cierto, creetelo. El hombre es un animal de costumbres.
Te vas a sentir tan poderosa... meditá mientras los otros comen, mientras corrompen su cuerpo, mientras ensucian sus intestinos. ¿Cuánto hace que no vas al baño? ¿Viste que podrías vivir sin baño?
6. Salí a caminar sola
Nubes, la brisa en la cara, flores, árboles, sol, luna y estrellas. Esas son las cosas que Ana te muestra para ayudarte a entender que la vida es hermosa sin comida, que el sol sigue ahí aunque no comas: para ayudarte a entender que las cosas imprescindibles se quedan, LO INNECESARIO SE VA (como la grasa y la comida y todo lo demás q no necesitamos).
7. Tomate un recreo, fumate un cigarrillo
Fumate un cigarrillo, calmá esa ansiedad. Sin interrupciones. Andá a un lugar donde nadie te moleste. El cigarrillo no es bueno pero peor es una hamburguesa.
8. Quedate quieta
Muchos de tus sueños y palabras no tienen sentido, eso van a decirte. Así que mantenete cerca de Ana, ella te va a guiar en el camino. No te ensucies la boca con palabras insignificantes. No des explicaciones de por qué estás ayunando. Nadie merece esas explicaciones, vos forjas tu propio destino y sabés que no estás sola. Así que quedate quieta, Ana y miles de otras chicas están ayunando al mismo tiempo que vos. Y solamente las más valientes, las que no tengan miedo, las que no sucumban ante la sensación y aquellas que se queden quietas, tranquilas y no se ensucien la mente con palabras insignificantes serán las sobrevivientes.
9. No sucumbas ante la tentación
Esa porción de torta no va a hacerte más feliz y en cambio ser perfecta sí. Imaginate, son dos minutos comiendo torta y la vida pagando las consecuencias; o no comer nada y ser perfecta y agradecerle a Ana toda la vida por haberte ayudado a resistir la tentación. Pensalo, es fácil. Durante elayuno vas a estar rodeada de comida: amigos, familiares, novio, todos van a querer alimentarte "estás muy flaca", te van a decir. Y QUE EQUIVOCADOS ESTÁN! No existe "muy flaca", no-existe. No se puede ser demasiado rico ni demasiado flaco. Corré el riesgo, ¡tené hambre! explora el vacío de tu estómago, sentí tus costillas... ¡te falta tan poco para ser perfecta!
10. Dormí
Aprovechá, porque vas a estar cansada por no comer. Eso quiere decir que estás llegando a la perfección; el cansancio es la respuesta a todo ese esfuerzo que estás haciendo. Vas a ser cada vez más hermosa, cada vez más parecida a Ana, la perfecta. Vas a ser una diosa y todos van a envidiarte... todos van a querer estar con vos y vas a estar tan orgullosa de lo que sos que no vas a querer compartir con nadie el secreto. El secreto es que Ana te llevó a donde estás y no la querés compartir con nadie. Porque nadie más la merece en su vida. Lo hiciste. Llegaste, ayunaste.
Lo bueno de mi página era que llamaba a la solidaridad. Así, mis mejores amigas de ese momento eran quienes me ayudaban a mantenerme en forma. Muchas veces jugabamos competencias: a ver quién podía adelgazar más kilos en determinada cantidad de días. No me era muy difícil ganar, porque siempre fui muy obstinada. Podía pasar días y días sin comer: el problema no era mi voluntad o mi autocontrol, el problema eran mis viejos. Ellos eran la única razón por la que podía parar. Cuando veía que mamá me ponía muchas caras o la escuchaba llorar con mi papá, empezaba a comer de nuevo y perdía las competencias. Por eso solo bajé diez kilos, por eso pesaba cuarenta y siete y no treinta y ocho: por mis viejos, por mi ser consciente del mal que les estaba haciendo. Siempre que llegaba a ese límite volvía a la vida, a comer, a sufrir comiendo.
En mecomo además de grupos había testimonios que me enviaban chicas anoréxicas contando quiénes eran, qué hacían, de dónde eran, por qué eran anoréxicas y que sentían al respecto. Todas ellas me agradecían fervientemente que existiese mecomo y con ella la posibilidad de expresarse. En algún momento, además de los testimonios, abrí un “concurso” para escribir cuentos y publicarlos en mi página. Yo había escrito un par de cuentos y sorpresivamente muchas otras chicas también escribieron para mecomoami. Fue maravilloso saber que mi personaje, Lágrima, tenía tanto alcance.
Muchos de los emails que recibía se habían vuelto casi fanáticos: me decían que yo era su ídolo y que querían parecerse a mí y que tenían mis fotos en sus computadoras y billeteras. Todo aquello era la gloria para mí: siempre había sido una persona rechazada, en este momento miles de chicas conocían mi nombre (bueno, seudonimo), me adoraban y querían parecerse a mí. Era la gloria y sin embargo no tenía gusto a nada. En todo caso, el gusto se evaporaría tempranamente cuando surgiera otra gurú de la anorexia o cuando alguna periodista española intentara derrocarme, sin éxito.
De: malena ortelli
Asunto: ¿Qué estás diciendo?

Me he quedado asustadísima después de leer lo que has escrito animando a chicas a que sean anoréxicas. No tiene ninguna gracia lo que dices de vivir del aire. Sé lo que es ser anoréxica y, créeme, no es nada agradable ingresar en una planta de psiquiatría, ser entubada por la nariz porque te niegas a comer y permanecer así semanas y semanas hasta que llega un momento en el que el médico ve que ya eres capaz de tomarte una mísera naranja. En ese momento la pelas, la despellejas poco a poco intentando que sólo entre en tu estómago su jugo. Al final, no consigues salir de la anorexia porque ya tocaste fondo hace tiempo y nada ni nadie puede salvarte. Tus huesos se debilitan, tus parámetros sanguíneos son lamentables y tan sólo te queda una muerte lenta y agonizante haciendo sufrir a todos los seres queridos que te rodean y que no paran de preguntarse ¿qué hicimos mal? ¿por qué no pudimos evitarlo? Destrozas tu vida y la del resto.
Es muy triste no saborear la vida, ser incapaz de compartir una buena cena rodeada de amigos saboreando cada bocado que el plato, y la vida, te da. Si mis palabras no te han servido de nada, por lo menos permite que gente joven que todavía no ha tocado fondo, pueda escapar del vómito y abrazar una vida llena de colores. NO SIGAS ESCRIBIENDO MENSAJES ENVENENADOS, POR FAVOR.
Gracias.
Malena

De: Lagrima Japonesa
Para: Malena Ortelli
Asunto: RE: ¿Qué estás haciendo?

Mirá Macarena...
Yo estudio periodismo y si algo aprendí es que no se puede censurar a la gente. Yo odio la droga, la detesto, pero respeto a la gente que se droga. Mientras no me molesten a mí... no me interesa lo que hagan. Por otro lado, yo no estoy incentivando a las chicas a perder peso ni a seguir ningún estilo de vida, solamente estoy diciendo que nosotras tenemos derechos como cualquier otra persona y que NO pueden obligarnos a hacer nada si ya tomamos una dirección, un curso de acción en la vida.
Me molesto en contestarte porque tu email fue bastante respetuoso. Pero en todo caso el único mail envenenado acá es el tuyo, yo no estoy envenenada. Yo cada día soy más perfecta y cada día estoy más feliz.
Sinceramente,
Lagrima
De: Malena Ortelli
Para: Lagrima Japonesa
Asunto: re: ¿qué estás diciendo?

Lagrima,
Yo también he estudiado Periodismo y mi actitud no es de censura. Si me quedara callada, si no intentara abrir los ojos a la gente que me rodea y se equivoca (sea un drogadicto, un alcohólico o una anoréxica), si veo injusticias a mi alrededor y, simplemente, por el mero hecho de que a mí no me afectan directamente, me quedara callada, sería una egoísta y sólo podría calificarme de inhumana.
Entiendo que tú ya hayas alcanzado un grado en tu enfermedad en el que, lamentablemente, nada ni nadie te puede hacer despertar de la pesadilla en la que te hallas sumida. Pero no me puedo quedar callada al ver cómo os animáis las unas a las otras hacia el camino de la autodestrucción. Porque, desgraciadamente, tus palabras llegan a mucha gente, a muchas chicas que todavía no tiene forjada una personalidad madura y pueden hacerles mucho daño, pueden hacerles caer.
Poniendo tu ejemplo del drogadicto, igual que me parece abominable que un drogodependiente persuada a otras personas a meterse un tiro de coca, del mismo modo considero lamentable que alguien que se está muriendo por no comer, anime a otras personas a seguir el mismo camino. Porque el final, sea un drogadicto o una anoréxica, es el mismo: la muerte.

Malena
De: Lagrima
Para: Malena Ortelli
Lamentablemente o gracias a dios, no sabés de lo que estás hablando. Es muy difícil saber qué es lo que vivo cuando en realidad no estás al lado mío y lo único que lees son las cosas que escribo. En fin, tendré que darle explicaciones de lo que hago a quien realmente las merezca.
Me parece estúpido que presupongas que yo estoy incentivando a chicas a que sean anoréxicas, me parece tonto lo que estás diciendo. Es decir, no porque seas partidaria de algo tenés que estarle haciendo propaganda inevitablemente. Por ejemplo, tengo un amigo que se droga y no está haciéndole propaganda: "hey, fumen porro que está re copado". No es ESO lo que estoy haciendo.
Lo que yo quiero hacer es que la sociedad acepte a este pedacito de sociedad, a esta minoría que somos nosotras: las que hemos elegido un estilo de vida diferente al del común de la gente. Y gracias a dios tenemos la posibilidad de elegir todavía. Podemos elegir qué comer y qué no comer. Podemos elegir alejarnos de la gente que come asquerosamente y engorda y después se lamenta diciendo que está gorda. Me parece estúpido que estés haciendo una campaña en contra de Ana, aún sin saber lo que es.
Con estos emails no vamos a llegar a ningún lado. Y yo estoy siendo una estúpida porque me re enganché con esto y seguramente solo me estés sacando información para una revista, un periódico, una radio o un informativo. De todas maneras mi Orgullo Anoréxico y yo te pedimos que desistas. No quieras hundirnos porque vamos a elevarnos de nuevo, como el ave fenix. Vamos a resurgir de las cenizas y seremos cada vez más fuertes.
Estoy segura de que ya entendiste que yo no estoy promoviendo el estilo de vida. Solamente estoy apoyando a aquellas que YA lo eligieron y que se sienten solas. Sin los grupos, sin las páginas, las chicas se sentirían muy solas. Estamos acompañadas ahora. Somos conscientes de lo que hacemos y así como yo no te obligo a no comer, dejanos en paz y no promuevas que nos obliguen a comer.
Lagrima
De: Malena Ortelli
Para: Lagrima
Asunto: RE: :)

Querida Lagrima,

No te preocupes, aunque te parezca mentira, no estoy tratando de sacar información para ningún reportaje, tan sólo te escribí espontáneamente porque me pareció muy duro lo que decías. Sé que soy una ilusa, porque es muy difícil conseguir cambiar a un enfermo psiquiátrico cuando ya ha llegado a un punto demasiado obsesivo. No lo conseguí con mi madre y sé que no lo voy a conseguir contigo.
Lo peor de vuestra situación es que no os consideráis enfermos. Tú misma ves tu enfermedad como un estilo de vida. Igual que un terrorista no ve sus asesinatos como un crimen, sino como un medio de acercarse más a Alá.
No sé cómo estará tu amigo drogadicto. No sé si simplemente se fuma unos porros o si verdaderamente tiene un problema. Pero en el caso de que esté verdaderamente enganchado, él al menos tendrá una muerte rápida: un ataque al corazón repentino o un derrame cerebral. No se enterará.

Desgraciadamente, a vosotras las anoréxicas no os ocurrirá. Vuestra muerte es lenta, muy degenerativa, consumiéndoos poco a poco en la cama sin poder levantaros, sin fuerzas y con dolor.
No sé si tienes familia y amigos (amigos de verdad, no anoréxicas), pero créeme cuando te digo que si los tienes no sabes hasta qué punto les estás haciendo sufrir. Es horrible querer a alguien y no saber cómo ayudarle. Es una impotencia tan grande que no se la deseo a nadie.
En fin, ya no te molesto más. Simplemente quiero terminar diciéndote que si alguna vez te sientes confusa y desolada, aquí tienes a alguien con quien hablar, aunque no te diga lo que quieres oír.

Suerte,
Malena
De: Lagrima
Para: Malena Ortelli
Asunto: RE: :)
Me resulta un tanto gracioso que compares a un terrorista que mata a millones de personas con una anoréxica que intenta salvarse. Realmente no tienen NADA que ver. De todas maneras, no nos vamos a poner de acuerdo. Y te recuerdo que NO somos pacientes psiquiatricas, estamos cada una en su casa, contentas de cómo somos. Si no estuviéramos orgullosas de lo que somos estaríamos encerradas en algún lugar llorando por los rincones. Yo no ando por la calle con insignias pro-anorexia. No demando atención, la gente que me quiere sabe de mis elecciones y las respetan. De todas maneras te agradezco la gentileza de prestarme el oído.
Ojalá algún día entienda cómo pensás... lo que no me queda claro es la comparación anorexia-terrorismo... ¡es increíble cómo puede imaginar la mente de un periodista! No, en serio. Lo que te quiero explicar, no para que te quedes tranquila por mí, sino por todas las chicas que están conmigo, es que yo no estoy enferma. Yo peso 50 kilos. Eso no puede considerarse anoréxico en desde ningún punto de vista. El peso más bajo que tuve fue 47 y el peso que quiero tener ahora es 45 nada no-saludable. Yo no me quiero morir de anorexia, el día que quiera morirme me voy a tirar de un 10mo piso. La anorexia es una manera de enfrentar mis problemas y de controlar mi vida que estuvo muy descontrolada hasta que llegó Ana.
Hasta siempre,
Lagrima
De: Malena Ortelli
Para: Lagrima
Asunto: re:re: :)

No sabes lo que me alegra lo que dices, ¡eso significa que todavía estás a tiempo de dejar esa locura del "Ana" como tú lo llamas! ¿Tú sabes cómo te puedes quedar con 45 kilos? A no ser que midas 1,50 m, ese peso es de extrema delgadez!

Lo único que te pediría es que antes de que empieces con tu campaña hacia la muerte, te pases por la planta de psiquiatría de cualquier hospital y hables con las anoréxicas allí ingresadas, con sus familiares y con los médicos que las atienden. Y veas el verdadero significado de ese "estilo de vida" que consideras tan divertido y respetable.
Por como escribes, pareces una chica muy inteligente y es una pena que lo eches todo por la borda...
Malena

¿A favor de Malena o de Lágrima? Qué difícil decisión; digo, para mí, hoy por hoy. Entiendo a Lágrima y me da pena Malena desde su impotencia. Yo sí pesaba 47 kilogramos y no quería de ninguna manera pesar 50, pero eso no lo sabía esta periodista. Desafortunadamente yo tampoco sabía que me estaba descarrilando y que aquel tren no tenía frenos.

7 comentarios:

Floor Cho dijo...

que bronca me da esto, la unica que dijo algo sensato e inteligente fue Malena

Nanø Çøløn dijo...

es verdad

†alma oscura † dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Unknown dijo...

Hola

lagrima_25 dijo...

👌

Dano P dijo...

Una hueca barbara lágrima. Buen libro.

Fugas dijo...

Es una pensamiento, una necesidad, una rutina. Tal vez esta bien tal vez mal según el punto de vista. Lo único que se es que esta sociedad lo impone y que ser flaca no lo es todo pero me va a hacer más feliz.
Que los huesos definan la belleza.